Se efectúa una revisión exhaustiva de la
literatura sobre la contaminación minera en Bolivia y su impacto
sobre la calidad de las aguas de la Cuenca del Río Pilcomayo y
de la Cuenca del Río Chayanta, ambas en el Departamento de Potosí.
Se establecen dos tipos de fuentes principales: (a) los pasivos mineros
(desmontes y residuos de colas), principalmente de las empresas de la
antigua administración de COMIBOL, que generan aguas ácidas
mineras, con altas concentraciones de metales pesados y arsénico,
producto de la oxidación de minerales sulfurados y (b) los residuos
de colas de los ingenios ubicados en la ciudad de Potosí, con altas
concentraciones de metales pesados, que fueron evacuados directamente
al Río de la Ribera durante aproximadamente 20 años y que
fueron almacenados en el lecho del Río Pilcomayo, incluso en lugares
situados hasta 200 km de la fuente.
Las poblaciones pequeñas más afectadas por la contaminación
en la cuenca del Río Pilcomayo, por la escasez de recursos hídricos
alternativos al río son: Tuero Chico, Puente Mendez y Sotomayor,
donde se recomiendan tratamientos de sedimentación y filtración
para obtener aguas de calidad aceptable para el consumo humano. En la
cuenca del Río Chayanta, la población de Quila Quila es
la que tiene mayor riesgo por el alto contenido de cadmio en aguas infiltradas
en el lecho del río, las cuales son consumidas en periodo seco.
Se ha realizado una revisión de los procesos tecnológicos
activos y pasivos comúnmente disponibles para el tratamiento o
remediación de aguas ácidas mineras, donde se comparan sus
ventajas y desventajas técnicas y económicas. Dentro de
los sistemas activos, la comparación favorece a la oxidación
solar por su capacidad de convertir el As (III) más soluble a As
(V) menos soluble. En ausencia de As, la neutralización con caliza
y posterior precipitación de metales pesados es más recomendable.
Ambos procesos son simples y más económicos que las otras
alternativas. El tratamiento pasivo más auto sustentable es el
provisto por humedales o pantanos artificiales.
Publicado en Investigación & Desarrollo, No 7, pág. 83-92, (2007)
